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16 Piedepágina • noviembre de 2019
*RESEÑA
José Gregorio
∎ Vásquez
Las otras
penínsulas
Tanto brillo cicatriza
E. R.
1
La poesía deja constancia de su silencio, de su sonido, de su dolor, de la
pena que arruga la palabra y la hace ir a su aparente negación. En el poe-
ma toda entrega despierta el lenguaje abruptamente y lo despoja de la
atadura que trae la convención, llevándolo a otro lugar del juicio, des-
prendiéndolo del papel para hacerlo piel, cuerpo, sangre, silencio; olor,
caricia provisoria en el secreto puro de la noche y el misterio; ceniza, pol-
vo en el aire infausto del fracaso; sonido: eco luminoso que despierta la
palabra y la hace ir incandescente por el murmullo profundo de las síla-
bas que entonan misteriosas la armonía y la cadencia íntima del poema.
Estos son algunos de los argumentos esenciales del recorrido por esta
Península de niebla que el poeta nos ofrenda este año como expresión au-
téntica de sus búsquedas y de sus encuentros. Otros nombres habitan las
páginas de este diálogo primordial: la experiencia callada de los maes-
tros, la flor secreta de las oraciones antiguas, el murmullo silencioso de
los aedas del alma, el aire de los sūtras que mueven la palabra para hacer-
la oración del alba, del canto, de la naturaleza toda:
ABEJA DE LUZ
Me he formado CAMINANTE
con la claridad del día.
Mis maestros son los pájaros: En la montaña
una roca libra un chorro
los más antiguos dorado de miel. Cada noche,
me alimentan con lombrices un monje sube y se alimenta,
en sus picos. Sólo Buda luego canta y enciende
velas e inciensos.
conoce mi fe por estos ríos; Saca del bolso
los intentos de disolver mi yo la túnica de su morriña,
en ráfagas de miel. y un cristalino sándalo de lágrimas.
(Un lobo blanco,
2 con congoja de nubes en su hocico,
La niebla sacude el poema. Lo atrapa. Lo despoja de toda claridad. Lo aúlla en busca de su compañera).
hace partícipe de una nueva tierra, nunca la misma, pero sí la que aún si-
gue envuelta bajo el aire de la orfandad que atestigua el murmullo de los 3
días. Yves Bonnefoy, entre otros, también sacude la palabra del poeta pa- Quienes atraviesen esta niebla llegarán a otro tiempo en la palabra, a esa
ra llevarlo a la espesura del adiós. Principio de cada poema, final de cada otra música que cae con la lluvia, a la letra misteriosa y recóndita del poe-
sonido. ma: la que trae un eco de otra lejanía ahora libre, callado, vivo en el rumor
Solo así el poema encuentra casa en el cuerpo, en la palabra, en el soni- de la nueva plegaria que el lenguaje ha hilvanado para herir el silencio y
do de esa palabra que trae viento de otra afrenta e impulsa la propia para entregarlo intacto a la tinta impura del papel. Noble tarea, afanosa, vehe-
continuar desbordándose entera en la mudanza que lo hace ir hacia la mente y sacrificada la del poeta que emprende aquí una búsqueda que
desesperada desventura de lo inmediato. La poesía nos ofrenda este sa- traspasa el río antiguo de las tradiciones y la magia reposada de los otros
crificio desde el lugar que acoge como refugio; en él la palabra prevalece, nombres, las viejas herencias, las canciones del tiempo en el tiempo.
trasciende, encuentra acomodo para resguardar su viejo y nuevo enig- El poema se nace de nuevo ante la niebla. Los candelabros alcanzan la
ma, su resplandor, su exilio: el otro arraigo que la protege en el pliego claridad herida en el papel cuando un poeta como Ernesto nos devuelve,
transparente de la vida. La senda se muda al misterio del poema y el poe- ahora en este libro, el misterioso poema que ha guardado en la tierra aden-
ta emprende a cada plenilunio su marcha a pie por la sílaba siempre os- tro de sus palabras. En él sigue buscando el brillo de los colores ocultos, el
cura e incomprensible de la palabra: su mayor enigma en el papel. aliento de los maestros de la tierra que escriben desde los lugares sagrados
Ernesto Román Orozco nos ha acostumbrado a leer el poema que se del lenguaje. En él también nos dice de su andar cauteloso, de su viaje a la
desdibuja en el papel bajo esta singular poética hoy reafirmada vital- otra edad, a la otra montaña, a la otra paz fulgurante de la palabra, de la
mente. En su obra es el poema el que brilla en el árbol o palidece en la niebla que también se desprende del poema y ligera se despide hacia un
nostalgia. Es el poema el que vibra en el viento de la infancia: el lugar sa- abismo de otros signos.
grado que palabra nos vuelve a recordar al entregarnos su sonido con el Aquí lo tenue aún urge a la palabra para volverla eco, grieta, piedra en la
aroma del alba y su secreto. El poeta ha trasegado así los otros laberintos noche, entraña sagrada, lejano eclipse…
del papel para llegar seguro al viejo sonido de la casa que lo habita.

