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16 Piedepágina • julio de 2019

                  Gustavo
                  ∎ Pereira

                                                     Notas sobre
                                                     el poder y
                         I                                    la literatura (I)

El único poder con el cual la
           poesía parece congeniar sin
           riesgo es el del amor. Podría
           ser única y exclusivamente
el del amor erótico si no fuera por su
inherente e inmortal tributo a la cursi-
lería. El amor tiene, pues, como la vi-
da, mil rostros.
Que pocos o muchos poetas padez-
can de impudicia pragmática ante los
verdaderos poderes consagrados (po-
líticos, económicos, militares o ecle-
siásticos) no es más que simple cons-
tatación de la siempre viva y al pare-
cer irremediable debilidad de la con-
dición humana, compensada, imagi-
no, con otras o similares fortalezas.
Solía y suele practicarse y prodigar-
se la sacrosanta costumbre de lison-
jear a quienes se suponen capaces de
otorgar lo que se aspira, como lo pro-
bara un antiguo poeta griego, Simóni-
des de Ceos, de quien Píndaro llegó a
decir que sus cantos tenían cara pla-
teada. Lo cual tiene que ver con el ta-
lante o la condición ética del poeta y
sus versos pero nada con la poesía.
Ocurre que ciertos supuestos este-
tas presuntamente sustraídos, dicen,
del acontecer político, de dogmas e
ideologías, pero pugnaces ante lo que
desconocen o menosprecian en estas;
y también intelectuales y artistas du-
chos en conversiones, frustraciones,
envidias o rencores, acusan a los que
ahora consideran sus contrarios, so-
bre todo si cometen el pecado de abra-
zar causas revolucionarias, de ser dó-
ciles aduladores ante los gobiernos de
sus compañeros con quienes, por lo
demás, compartieron y comparten lu-
chas, contingencias e ideales y a quie-
nes deciden apoyar solidariamente
desde la posición que creen correcta.
Tan pronto sorprenden una mani- ros poderes omnímodos y perversos, De esos poderes hegemónicos, du- primer lugar, los requisitos que debe
festación suya de adhesión, que es ante los cuales no pocos intelectuales, rante siglos entronizados mediante cumplir el aspirante para acceder a
también a la de los principios que han escritores y artistas "apolíticos, desi- complejas simbiosis de factores eco- ellas, entre los cuales la disidencia
defendido siempre, les privan de todo deologizados e incontaminados" en- nómicos, políticos, militares, eclesiás- ocupa destacado lugar.
respeto o amistad —si en verdad la tu- cubren o asoman sus anhelos, sola- ticos y mediáticos, pero esencialmen- No la simple disidencia, porque di-
vieron— atribuyéndoles lo que ellos pan sus críticas, se muestran indife- te culturales, los estetas y desideologi- sentir puede ser virtud cuando se es
practican abierta o subrepticiamente rentes o rinden culto secreto o mani- zados intelectuales, escritores y poe- honesto y se alegan firmes razones, si-
del otro lado del espectro.               fiesto.    tas suelen hacer abstracción o dudar no la disidencia acompañada de la
                                          ¿Cuántos de ellos han tenido y sos- de su omnipresencia en casi todos los conversión, sin prisa pero sin pausa,
					 tenido el coraje de nombrar y conde- actos de nuestras vidas, como no lo para desdecirse de lo que se fue algu-
                  II nar en este tiempo de invasiones y hacen con las acciones justas, valero- na vez, si en verdad se fue.
                                          masacres imperiales y neocoloniales, sas y redentoras de los que se atreven El entonces supuesto apoliticismo
Una visión análoga de la historia y al menos con inofensiva rúbrica en a combatirlos.                                 se revertirá así, como la piel de zapa,
la vida, amén de las vicisitudes pro- pronunciamientos colectivos —y no Y mientras asumen la supuesta in- sobre su aprovechada víctima, ahora
pias de quien escoge ese camino en te- digamos que a combatir— los críme- diferencia, los imperios y sus fámulos celebrado, con mutuo beneplácito,
rritorio y condiciones adversas, une a nes y atropellos seculares de los go- imponen anti-valores y degradacio- por viejos adversarios y aprovechados
quienes desean un mundo diferente biernos estadounidense y sus aliados nes y fechorías, pero también, no fal- apóstatas.
al impío que vivimos.                     y lacayos, incluso contra nuestros pro- taba más, sus recompensas y consa-
Unos y otros conocen la esencia, no pios pueblos expoliados en el llamado graciones. Sobre estas últimas podría * Gato devorando un pájaro, de Pablo
de los gobiernos sino de los verdade- tercer mundo?  escribirse un tratado que realzara, en Picasso
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