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                            Juan
                            ∎ Calzadilla

                 La poética del retorno al lar









                     l proponerme definir la poética de Luis  que pensaran". ¿Cómo hacer para
                     Alberto  Crespo  llegué  a  la  conclusión  que las cosas también piensen, in-
                     de que no puede ubicársela en ninguna  cluidos los horizontes, distancias y
             Ade las corrientes activas o de reciente  dudas, es la pregunta que se hace el
           actuación en el mapa de las prácticas poéticas ac-  poeta cuando propone dotar de ha-
           tuales. Ni en el lirismo tradicional, el coloquialis-  bla a las cosas, a las plantas y a los
           mo posmoderno, el hermetismo el abstraccionis-   pájaros, en tanto se distancia de
           mo, el conceptualismo, el minimalismo,  el surrea-  ellas para mantener la autonomía
           lismo, el haikú y otras tantas. Aunque pudiese ser  de su ego. ¿Qué tal si los órganos, y
           que entraron, en la conformación de su estilo, dosis  a veces también las múltiples du-
           pequeñas de las tendencias mencionadas, sin que  das decidieran independizarse de
           haya que acudir al comodín de llamarle poeta  la mente y actuar en lugar de ella?
           ecléctico, ya en desuso. En este sentido me gustaría  El yo en la poesía de Crespo es una
           apuntar a la descripción de sus principales indaga-  parte de ese paisaje al que se le dis-
           ciones temáticas por el mundo del sentido, que pu-  pensa la misma atención que al
           dieran llevar a la definición de su prolija obra, en  cuerpo, al punto de que ambos se
           cuanto a su estilo.                              hacen uno con el lenguaje.

             IndagacIones temátIcas prIncIpales                 tercera  IndagacIón.  El lar, el
                                                            lar pero como sentimiento y emo-
             prImero. La naturaleza en sus expresiones aso-  ción del reencuentro y la nostalgia
           ciadas a la vida campestre y a una crónica elabora-  de un lugar más que como descrip-
           da por el propio poeta referente a vivencias y he-  ción naturalista por el estilo de la
           chos que están presentes o han sobrevivido en su  Oda a la agricultura de la Zona Tórri-
           memoria para construir la autobiografía que, de li-  da. El lar como espacio de lo que se
           bro en libro, sirve de marco a su ágil y copiosa poe-  fusiona con el ser, en ausencia o
           sía. Incluida en ésta los sueños y la infancia. Enten-  presencia de éste, por exceso de te-
           diendo su obra como una travesía, la crítica suele  mor a que se pierda o se vaya. El lar
           ubicar su creación poética principalmente en el eje  como reencuentro, como recorrido
           geográfico centro occidental del país, con referen-  por el espacio de la piel y como es-
           cias muy precisas a las topologías de conformación  critura de ésta. Y como posesión de
           desértica y arenosa que aparecen por todas partes  la emotividad que produce su búsqueda en el inte-
           en su obra, con sus puentes, voladeros y desiertos,  rior del ser, a manera de memoria pero también co-
           arenales, dunas  y quebradas, los animales y sus  mo realidad trastocable. En las referencias al lar
           hombres, las tradiciones rurales, costumbres de se-  está contenida la porción autobiográfica del poeta
           quía y valores humanos esenciales y específicos de  en tanto sujeto hablante, en tanto que cronista de
           las regiones más apartadas, desde donde se difun-  Indias del sí mismo. El lar lleva un silabario a cues-  El Mago
           den a través de su vasta obra al resto del país, como  tas, donde puede verse el revés de todas las cosas,
           un gran mapa y dicho todo del modo como apare-   como si el poeta tuviera un espejo en la mano o
           cen los aperos de la silla de montar en el momento  unas alas prestadas.                             Por condescendencia el agua que baja
           en que se toma el sombrero; y cuando el poeta, ese
           sujeto corriente, está listo para disertar sobre todo                                               es la misma que remonta la corriente
           lo que se le atraviesa, con tal de que roce su vida. No   cuarta  IndagacIón. Impresiones, someras y
           olvidemos que cuando Crespo escribe en el rol de  concisas, de un viaje desde ninguna parte y a todas   El pez le pierde el respeto a lo seco
           cronista de la intimidad del paisaje lo hace en pri-  partes. El viaje de retorno al lar natal no llega a
           mera persona.                                    puerto, se queda enredado en lo que lo atrapa, co-  La piedra se disuelve en su elemento
             De este modo da  la impresión de que actúa como  mo a Ulises. Sí, un retorno odiséico durante el cual
           un cronista de Indias de sí mismo en plan de apun-  todo el aparato perceptivo del poeta se pone en   Ya no es inmóvil sino movediza
           tador.                                           marcha con él, a ras de los sentidos para asistir en
                                                            el poema a toda clase de metamorfosis o transfor-  Los árboles entran de cabeza en el lecho
              segunda IndagacIón. La presencia en su poesía  maciones súbitas embutidas en la sustancia ani-
           de un yo hablante. pero no el del yo egolátrico y  mada de todas las cosas, desde una pequeña rama   Las mismas aguas del río donde
           concéntrico de la poesía mayormente focalizada en  de árbol al chillido de un pájaro o al salto de la nu-
           los sentimientos y la biografía del poeta, en su pro-  be en torno a una tuna que ha crecido dentro del   me baño mil veces pasan y pasan
           sopopeya o deseo de sobresalir y de que se le oiga.  motor de un carro abandonado cuyo arreglo ansio-
           Es más bien un yo bajo el ropaje de una crónica de  samente el dueño espera para emprender un viaje   ¿Por qué sucede todo esto?
           la inocencia del lenguaje. Su poesía podría enten-  fijo en un mismo punto infinito.
           derse entonces como una crítica a la vanidad. Se   Nada escapa durante el trayecto de vuelta al lar a   No se lo preguntes a Heráclito
           materializa en un yo distanciado, aludido de lejos,  todas las perplejidades que se verifican para resti-
           distendido y desatendido del protagonismo de mo-  tuir el origen al caos de donde nacen. La informali-  Pregúntaselo a Breton.
           da. Un yo listo a disolverse en el aire de la página  dad se desborda por todas partes y pone en jaque a
           para fundarse en la memorización de las cosas de  la sobrevivencia de la poesía, corriendo en pos ¿de
           las cuales ya no se ocupa el viejo poeta. Un yo  dota-  qué?
           do de una autonomía como aquella en que pensa-     Quizás en pos de una anatomía movediza como
           ba Pascal el filósofo francés cuando escribe en sus  la que describo en este poemita, que se le parece y
           pensamientos: "Imagínate unos órganos del cuerpo  que le dedico:
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